La motivación laboral: el gran reto del liderazgo en las empresas
Motivar a un equipo es uno de los principales desafíos a los que se enfrentan los mandos intermedios y responsables de cualquier departamento. ¿Es tarea del líder motivar a sus colaboradores? La mayoría respondería que sí, pero ese “sí” necesita matices.
No todas las personas responden igual ante los mismos estímulos. Algunos líderes muestran un “pastel” como incentivo y esperan que todos lo deseen, sin considerar que los ingredientes no son del gusto de todos. La primera premisa para motivar es entender que cada persona es única, y que lo que moviliza a una puede dejar indiferente a otra.
Por eso, un buen líder empieza por escuchar. Una simple pregunta como ¿Qué puedo hacer por ti para que estés mejor? puede marcar la diferencia. Sin ese gesto de empatía, muchos trabajadores seguirán repitiendo “Es que a mí no me motivan”.
Adaptar la motivación al contexto y a las personas
Existe una extensa literatura sobre la motivación, pero el verdadero reto está en aplicar los recursos de forma personalizada. Como bien señala Alfonso Alcántara (Yoriento), la motivación no es un concepto generalizable, sino algo profundamente ligado a la experiencia y el momento vital de cada persona.
1. La motivación no siempre es la causa, a veces es la consecuencia
Es común pensar que si una persona no actúa con energía es porque no está motivada. Pero muchas veces, la motivación aparece tras la acción. En momentos de baja energía, puede ser más útil fomentar la planificación de tareas y la reflexión sobre los objetivos que presionar para obtener resultados inmediatos. Así se siembra la motivación futura.
2. Se puede actuar sin estar motivado
Ni líderes ni empleados estarán siempre con la moral alta. Lo importante es crear un entorno de trabajo donde la acción dependa más del plan que del estado de ánimo. A menudo, basta con empezar a trabajar para que surja el interés y la pasión. La inactividad, en cambio, solo genera más inactividad.
3. La motivación no es cuestión de ánimo, sino de motivos
Tendemos a sobrevalorar nuestras emociones. Muchas personas trabajan cada día sin estar especialmente animadas, pero con claridad en sus motivos. La motivación nace de tener un porqué, no de sentirse entusiasta. Por eso, más que intentar cambiar el ánimo de los empleados, conviene ofrecerles razones sólidas para implicarse.
4. La motivación es contextual
No existe “la persona motivada” como tal, sino personas motivadas para cosas concretas. El contexto influye decisivamente. Un trabajador puede rendir al máximo en un entorno y bloquearse en otro. Por ejemplo, alguien eficaz en tareas individuales puede perder rendimiento en dinámicas grupales si no se adapta al entorno.
5. Establecer objetivos es clave
Quien no tiene metas, difícilmente estará motivado. Marcar objetivos claros y alcanzables ayuda a mantener la implicación. Cuanto más definidos estén los propósitos, más fácil será avanzar con energía. El liderazgo debe fomentar este hábito de planificación continua.
6. La motivación no se busca en el “condicional”
No sirve de nada pensar “Si mi jefe fuera diferente, estaría más motivado”. La motivación se descubre en lo que ya haces, no en lo que imaginas. Observa qué tareas disfrutas actualmente y dedica más tiempo a ellas. La clave está en potenciar lo que ya te funciona, por pequeño que sea.
7. No conviertas la motivación en una obsesión
Muchas personas se angustian buscando un cambio radical en su vida laboral cuando, en realidad, el progreso suele venir de pequeños avances en lo que ya hacen. Si no estás motivado pero tampoco haces nada para cambiarlo, quizás no estés tan insatisfecho como crees. Enfócate en lo que haces bien y hazlo crecer.
8. La motivación viene de fuera… antes de estar dentro
Se suele decir que “la motivación debe venir de dentro”, pero eso no es del todo cierto. Antes de que la motivación se interiorice, necesita un contexto que la despierte. Los empleadores deben crear entornos que estimulen la implicación y el crecimiento. Nadie puede sacar lo que no ha recibido.
9. La motivación es única para cada persona
Las teorías clásicas sobre motivación (como la pirámide de Maslow) generalizan demasiado. La verdadera motivación es idiosincrásica, es decir, única para cada persona según su historia, necesidades y momento vital. No hay recetas universales. Un buen departamento de recursos humanos debe tratar cada caso como un universo propio.
10. La motivación se activa con retos adecuados
En coaching, una de las estrategias más efectivas es proponer retos alcanzables pero estimulantes. Un ejemplo clásico lo ilustra bien: al marcar con tiza el número de cargas de horno realizadas por un turno en una fábrica, se desató una competencia sana entre los equipos. Así, se activó el deseo de superación sin necesidad de discursos motivadores vacíos.
Conclusión: motivar no es hablar, es conectar
Un líder no debe limitarse a “dar charlas motivacionales”. La verdadera motivación surge del conocimiento profundo de las personas y de crear entornos que impulsen la acción y el propósito. Si quieres motivar a tu equipo, empieza por comprender qué les mueve. La clave no está en el “pastel”, sino en saber qué les apetece a cada uno.